Publicado el 30 diciembre de 2014 a las 16:56, por

El frío intenso y la humedad, dos de las condiciones inherentes al invierno meteorológico, aumentan la sequedad y el enrojecimiento de la piel. Estos dos factores aceleran el envejecimiento cutáneo, según explica la doctora María Luján, médico estético de CRES.

Las bajas temperaturas, propias de estas fechas, y el viento provocan un cierre de los vasos sanguíneos, o vasoconstricción en los capilares de la piel, que se contraen disminuyendo su irrigación. Por tanto, las células epidérmicas no reciben ni el suficiente oxígeno ni los nutrientes necesarios y  la piel presenta un aspecto apagado, seco y sensible.

La caída de los termómetros provoca una mayor segregación de la proteína MMP-1, que es la encargada de la aparición de las arrugas, según confirma un estudio publicado en Experimental Dermatology, que concluye que la sequedad de la piel contribuye a las alteraciones de la matriz dérmica.

Además, el frío seco causa una pérdida de las estructuras cutáneas lo que unido a la deshidratación provoca el avance de los signos de envejecimiento. Por otra parte, la doctora Luján apunta que la humedad provoca eritema, un enrojecimiento que produce una inflamación y también acelera el envejecimiento de la piel.