Unos pómulos hundidos, al igual que un mentón retraído, pueden alterar o afear el rostro. Esto se puede solucionar con la implantación de unas prótesis definitivas, mediante una intervención conocida como malarplastia, aumento de pómulos. Con ello conseguimos mejorar la belleza de los pómulos, ofreciendo una mejor expresión a los ojos. Especialmente indicado en personas que tengan un malar (hueso que se encuentra al nivel de los pómulos) poco desarrollado. Esta intervención suele realizarse sola, o como complemento de una rinoplastia, una mentoplastia o un rejuvenecimiento facial.

¿En qué consiste?

Consiste en la colocación de una prótesis de gel de silicona a través de unas incisiones dentro de la boca, por tanto invisibles, entre el labio superior y la encía. Se hace una bolsa por delante del hueso y se coloca la prótesis. Por lo general se realiza con anestesia general e ingreso en clínica de una noche. Como en todas las demás cirugías es importante el examen operatorio anterior, la historia clínica del paciente y la realización de fotografías anteriores. La intervención no suele durar más de una hora.

Postoperatorio

Se recomienda un reposo relativo las primeras 24 horas. Enjuagues frecuentes con antisépticos orales tipo Oraldine. Colocar frío local en la zona para ayudar a bajar la hinchazón, lógica después de la intervención. Dieta blanda durante la primera semana. No es doloroso el postoperatorio pero sí se suele sentir la zona de las mejillas adormecida durante un tiempo. La mayor ventaja de este tipo de intervenciones es que, aparte de que no queda ningún tipo de cicatriz cutánea y la vuelta a la actividad habitual del paciente es muy rápida, al cambiar la proyección de los pómulos el rostro resulta mucho más armonioso y sugerente.